Tu presencia basta
Lo más valioso que ofreces es estar, con calma. No necesitas las palabras perfectas ni resolverlo todo. Tu sola compañía, tranquila y sin juzgar, ya es ayuda real para alguien que la está pasando muy mal.
Por ejemplo
A veces basta con sentarte al lado y decir: «aquí estoy, no te dejo solo». El silencio acompañado también sostiene.